La Comunidad Musulmana Ahmadía: orígenes y evolución

por Carlos Ariel Díaz Abad

En el siglo XIX, mientras el Imperio Británico afianzaba su dominio en el subcontinente indio, la región histórica del Punjab se convertía en un hervidero religioso. Allí convivían musulmanes, hindúes y sijs, con una activa y creciente presencia de misioneros cristianos, en un contexto de profundas transformaciones sociales, políticas y económicas. Fue en ese escenario donde nació el reformador musulmán Mirza Ghulam Ahmad (1835-1908).

A sus 40 años, Ahmad afirmó recibir revelaciones divinas y, en 1889 proclamó ser el Mesías Prometido, no solo de los musulmanes, sino también de todas las grandes religiones del mundo. Su mensaje central era que el islam debía reformarse para volver a sus raíces auténticas: rechazaba la yihad armada, reconocía la autoridad británica en la India, la separación Mezquita/Estado, y defendía un islam espiritual, tolerante y abierto al diálogo con la modernidad. Nacía así la ahmadía, como movimiento islámico.

En su singular teología, Jesús no murió en la cruz, sino que sobrevivió, viajó al este en busca de las tribus perdidas de Israel y murió a los 120 años en Cachemira. La ahmadía adoptó estrategias del cristianismo misionero -publicaciones, debates y campañas- y convirtió el proselitismo en su principal seña de identidad.

Luego, los tintes mesiánicos de este movimiento no solo reflejaban que se vivía una época de cambio, sino un cambio de época. El movimiento ahmadía era, por una parte, conveniente para la administración británica, pues reconocía como legítimo el colonialismo en el subcontinente y, por la otra, el movimiento ganaba el respaldo del poder imperante en la India, para convertirse en la interpretación predominante del islam, en un contexto de creciente competencia interreligiosa.

A la muerte de Ahmad, en 1908, sus seguidores instituyeron un califato (con potestad administrativa, moral y espiritual) que dirige hasta hoy día a la Comunidad Musulmana Ahmadía. En el presente, la ahmadía tiene su sede central en Inglaterra y va por el quinto califa.

Las creencias particulares de la ahmadía, le han valido un amplio rechazo por parte de las autoridades religiosas de las otras ramas islámicas. Este rechazo, se ha traducido como ‘excomunión’ del mundo islámico, prohibición de visitar La Meca, y hasta persecución religiosa, quema de mezquitas y asesinato, en países como Pakistán.

Pese a los obstáculos, el celo misionero de este movimiento, le ha llevado a tener presencia en al menos 200 países, millones de seguidores y miles de mezquitas, escuelas y hospitales en todo el mundo. La ahmadía cuenta con su propia televisora internacional (MTA), con caneles que trasmiten 24 horas, incluyendo el sermón califal de cada viernes, día sagrado del islam.

Así mismo, el movimiento cuenta con un brazo humanitario, la ONG Humanity First, que canaliza anualmente millones de dólares en asistencia social, reparto alimenticio, apoyo educativo y campañas médicas en zonas desfavorecidas de todo el orbe.

En México, por cierto, donde la Comunidad se estableció en años recientes (2014-2015), existen ya cuatro sedes en distintas ciudades (Mérida, San Cristóbal de las Casas, Ciudad de México y Santiago de Querétaro), integradas mayoritariamente por conversos mexicanos, demostrando así la vitalidad de un movimiento transnacional que, hace más de un siglo, desbordó con creces las fronteras primigenias de su ‘natal’ Punjab.

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