Mariano P. Rainieri
Tanto el semanario Giordano Bruno como la Revista Masónica dedicaron notas a Manuel Sáenz Cortés con motivo de su deceso, ocurrido en 1895, a sus cuarenta años de edad. Se lo identificaba como un “irreemplazable periodista de ideas liberales, el abnegado campeón del libre pensamiento” que “tan alto supo llevar la enseña de la verdad y la cultura, contra los abusos e imposturas de los clericales”. En 1944 y transcurridos casi cincuenta años desde su fallecimiento, la revista de la Confederación Espiritista Argentina lo homenajeó con una portada rescatando que fue “uno de los primeros y más brillantes divulgadores del Espiritismo en la Argentina”.
Este personaje había nacido en Málaga y tuvo un paso por la Universidad de Madrid para estudiar Matemáticas. De joven se trasladó a Buenos Aires dedicándose al comercio. Hacia 1870, esa ciudad asistió a la difusión del espiritismo y al calor de la fundación de sociedades espiritistas locales, Sáenz Cortés se convertiría en uno de sus más activos propagandistas junto con figuras tales como Felipe Senillosa (dirigente destacado de la Sociedad Rural) y Rafael Hernández (hermano del autor del Martín Fierro). Al igual que ellos, también se inició en la masonería, en la logia Platón.
En la Argentina finisecular, el espiritismo contaba con el interés de miembros de las elites culturales y dirigentes por lo que no era extraño la asistencia a sesiones espiritistas de personalidades como Julio Argentino Roca. El periodo de entre-siglos estuvo caracterizado por un entrecruzamiento de la ciencia, el ocultismo y personajes heterodoxos (ej. médiums, hipnotizadores y telépatas). Es decir, las fronteras entre lo que era científico y lo que no lo era resultaban opacas. Esto dio lugar a que corrientes esotéricas como el espiritismo pretendieran dotar a su espiritualismo de un sustento científico. Sólo un ejemplo de ello fueron los intentos de captar espíritus a través de las fotografías. Por otro lado, la influencia del espiritismo permeó al campo de la literatura: novelas como Viaje maravilloso del señor Nic-Nac (1876) del naturalista Eduardo L. Holmberg y posteriormente Los siete locos (1929) de Roberto Arlt reflejan una presencia de tópicos espiritualistas.
La coyuntura de entre-siglos también estuvo atravesada por un creciente anticlericalismo. Algunos de los motivos de la oposición al catolicismo por parte de ciertos sectores se relacionan con las discusiones acerca del lugar que debía ocupar la religión y la Iglesia en la Argentina moderna. Si bien, en la década 1880, el Estado comenzó a asumir funciones que antaño las desempeñaba con exclusividad la Iglesia (ej. el registro de nacimientos y defunciones y la educación), los anticlericales anhelaban más medidas no concretadas como la separación de la Iglesia y el Estado y el divorcio vincular. Es por ello que, desde la presidencia de Luis Sáenz Peña (1892-1895) –quien poseía un oratorio en su residencia familiar–, los anticlericales comenzaron a denunciar una alianza entre el poder político y el eclesiástico ya que percibían una presencia mayor de católicos en el gobierno. En ese entonces, Sáenz Cortés fundó el semanario anticlerical Giordano Bruno cuyo blanco de ataque preferido era la religión institucionalizada junto con la Iglesia y el clero. Sin embargo, no todos los espiritistas tenían posturas anticlericales radicalizadas: Miguel Cané (h), político de la Generación del 80 vinculado al espiritismo, no tuvo inconvenientes en haber sido ministro del gobierno de Sáenz Peña.
Giordano Bruno sería una publicación pionera dentro del movimiento librepensador local, colectivo variopinto en ciernes que cobijaría, a caballo entre los siglos XIX y XX, a referentes de izquierda, liberales, feministas, espiritistas, etc., unidos por un anticlericalismo virulento y un cientificismo dogmático. El escenario finisecular fue un terreno fértil para la configuración de ese tipo de redes que en ocasiones se constituyeron en frentes políticos. Sáenz Cortés si bien no integró agrupaciones políticas, las publicaciones analizadas lo erigían como un paladín del liberalismo por sus fuertes críticas periodísticas a la Iglesia y por ponderar a la ciencia y la razón como pilares esenciales de la sociedad, aunque no sean rasgos definitorios ni excluyentes dentro de la tradición liberal argentina.

La Idea. Órgano de la Confederación Espiritista Argentina, núm. 237, febrero de 1944. Disponible en: https://www.ceanet.com.ar/revista-la-idea/revista-la-idea-no-237/la-idea-237/

Giordano Bruno. Ciencia y racionalismo. Periódico anticlerical, núm. 108, 17 de febrero de 1895.
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