¿De vuelta tan pronto, general? Derechas y democracia en una provincia argentina

Ignacio Alfredo Grassia

La extrema derecha parece estar en todos lados. Tal impresión es sencilla de constatar por los noticieros televisivos, los diarios digitales y las novedades editoriales. Nuevas fuerzas alt-right (derecha alternativa) que aprovechan las crisis de la institucionalidad liberal global; o viejos partidos conservadores volcados a campañas de “rebranding cool”, así como a la profundización de su ya recalcitrante personalidad.

Así, volver sobre el pasado es casi un reflejo, un tic nervioso. Por lo menos para mí. La perspectiva histórica siempre ha sido el camino que elijo cuando algo del presente empieza a bullir como excepción o novedad. Por ello en mi investigación actual opté por dedicarme a un caso particular: el mío. Quiero decir, el del pequeño terruño que habito desde que nací: la provincia argentina de Tucumán. Pero entonces: ¿sobre qué volver del pasado de Tucumán que pueda iluminar el hoy? Pues bien, si vemos afrentas directas contra las instituciones liberales por parte de la extrema derecha, habría que partir del “origen” más cercano de aquellas instituciones: la apertura democrática argentina de 1983 tras la clausura de la dictadura de las Juntas Militares (iniciada en 1976). Y si afinamos la lente hacia Tucumán, un personaje singular comienza a destellar con claridad: Antonio Domingo Bussi.

En 1975, Bussi reemplazó al comandante Acdel Vilas en el mando del Operativo Independencia, intervención militar que buscó aniquilar el foco guerrillero que el ERP (Ejército Revolucionario del Pueblo) planificaba para Tucumán. Hoy el Operativo es considerado el primer simulacro formal de las tácticas de represión, desaparición y asesinato de disidentes que el régimen dictatorial luego pondría en práctica. Al instalarse la dictadura, Bussi ofició como gobernador de Tucumán hasta diciembre del ‘77. Su papel como líder represor en estos años fue más que protagónico, siendo posteriormente juzgado por llevar a cabo él mismo detenciones ilegales y asesinatos.

Luego de su reasignación en otras provincias para comandar diversos cuerpos castrenses, fue en 1987, año electoral, en el que volvió a desembarcar en Tucumán: esta vez, como candidato. Bussi encabezó las boletas para gobernador del partido Defensa Provincial-Bandera Blanca (fundado en 1929, conservador y sin ninguna victoria relevante desde los años 30’). Y aunque hoy podríamos constatar los atroces hechos del pasado dictatorial, los términos en lo que el ex general era recordado no fueron exactamente definidos de este modo. En el clima de 1987, una gran parte de la ciudadanía tucumana evocó las numerosas obras de infraestructura y la sensación generalizada de “paz y tranquilidad” que, se suponía, su presencia había asegurado para la provincia.

Así las cosas, el ejercicio y derecha de la pregunta nos lleva a plantearnos: ¿en qué medida los conflictos por las interpretaciones sobre el pasado dictatorial formularon, por lo menos en parte, la trama que volvió posible el reingreso de Bussi en la política? ¿Quiénes formularon el marco de acción para lanzar su carrera partidaria? ¿Cómo se entendía la política democrática? ¿Ejercicio irrestricto de candidatearse? ¿Consenso negociado para mantener la paz social? ¿Olvido y perdón? Interrogarnos sobre la actuación de Bussi y los cuadros políticos que formaron bajo su propio partido, Fuerza Republicana, implica indagar sobre las formas de la dinámica política local; preguntarnos, finalmente, por los límites de recortar tajantemente la historia desde eventos -sin duda de peso- como la tan aclamada “vuelta de la democracia” de 1983. De aquí cabe inquirir: ¿qué democracia fue la que volvió?

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