Los avisos clasificados como fuente para la historia social de las trabajadoras

O cómo encontrar pistas de costureras en la Buenos Aires del siglo XIX

por Gabriela Mitidieri

Escribo desde una ciudad que cuenta con una tradición historiográfica que se ocupó de la prensa como fuente para la historia. La segunda mitad del siglo XIX fue un escenario particularmente propicio para detenerse en ella, ya que proliferaron en Buenos Aires nuevas publicaciones periódicas, algunas de corta duración y otras que continuaron editándose hasta finales del siglo. Pero lo que habitualmente interesó a historiadores e historiadoras fueron las primeras páginas de esos diarios: los encendidos debates políticos, la pluma de editores y cronistas construyendo “opinión pública” o las reseñas de enfrentamientos bélicos e incursiones militares sanguinarias que eran presentados como la condición de posibilidad de un territorio para la nación argentina. Sin embargo, las dos últimas páginas, exactamente el 50% del contenido total de diarios como El Nacional o El Orden, estaban pobladas de personajes menos famosos, apenas visibles en los grandes relatos de la historia local del siglo XIX. Los avisos clasificados ponían en escena a peones, jornaleros, artesanos y artesanas, personas con distintos tipos de calificación buscando ganarse la vida en la ciudad a través de una escueta publicación de sus servicios, o respondiendo al llamado de alguna casa en la que conchabarse. Explorar estos avisos constituye una oportunidad de sondear tipos de oferta y de demanda de trabajo, remuneraciones, arreglos laborales y precios de bienes de consumo corriente, en una ciudad en expansión, que contaba con alrededor de 90.000 habitantes hacia 1855 y más de 170.000 en 1869.

El Nacional, 29/9/1857, p.3

Uno de mis intereses particulares de investigación es el de intentar reconstruir las experiencias de trabajo de mujeres ocupadas en la costura en el siglo XIX en Buenos Aires. La historia de las mujeres nos ha enseñado que buscar las huellas de aquellas que dejaron poco registro requiere ejercicios metodológicos creativos, entrenarnos en el arte de la lectura a contrapelo de fuentes que tradicionalmente han sido interrogadas con otras inquietudes. En este caso, la apuesta era literal: había que leer la prensa de atrás para adelante para encontrarlas. Aunque no costó mucho llegar a verlas, tal vez justamente por el entusiasmo con el que iba a su búsqueda. Entre los muchos avisos de diarios que revisé del período 1848 – 1869, comencé por tomar nota de la oferta de servicios de aquellas modistas y costureras que podían costear publicar un aviso. Mostrar el anuncio a lo largo de toda una semana podía llegar a valer el equivalente a tres jornales de trabajo de una costurera o dos de una modista. Así conocí a un conjunto de modistas francesas, quienes estuvieron al frente de su tienda en la ciudad, que ofertaron vestidos importados y confeccionados a la medida, que emplearon a costureras locales, que tomaron a su cargo aprendizas para enseñarles el oficio.

El Nacional, 26/11/1856, p.3

Pero por fuera de las ofertas, también estaban las demandas de trabajo. Pedidos de costureras fueron comunes para contrataciones, por lo general, estacionales en tiendas de modista, y también en sastrerías y cada vez más en roperías, establecimientos de venta de ropa hecha en talles estandarizados donde las mujeres acudían para retirar piezas que luego debían entregar ya cosidas.

Observar con detenimiento estas últimas páginas del periódico también hizo posible registrar el momento de introducción de la herramienta que iba a revolucionar los tiempos de trabajo en el mundo de la costura y asociar su uso a la labor femenina. Aunque las primeras máquinas de coser ingresaron al país en 1854, recién en 1861 la publicidad con ilustración incluida la volvió un poco más visible en la ciudad. En un comienzo se ofertaba indistintamente a sastres, talabarteros, zapateros y costureras, hacia 1865 existían talleres de costura que ofrecían posibilidades de empleo para mujeres, en donde la capacitación para utilizar la máquina era parte de la oferta.

El Nacional, 01/01/1861, p.3

Interrogarme por quiénes eran estas mujeres, con quién vivían, si eran migrantes, cómo habrían aprendido a coser, requirió entrecruzar esa primera fuente con otros corpus documentales (censos, expedientes judiciales, documentación municipal, etc.). Pero fueron los avisos la puerta de entrada para comenzar a conocer a estas antiguas costureras de mi ciudad.

El Nacional, 31/10/1865, p.3

2 Comentarios

  1. DEFINITIVAMENTE, LOS AVISOS ECONOMICOS O PARTES ECONOMICAS COMO SE REGISTRAN EN LA PRENSA DEL SIGLO XIX, RESULTAN MUY INTERESANTE SOBRE TODO POR LA VARIADA Y RICA INFORMACIÓN QUE PROVEE. EN LO PERSONAL REALICE UN ESTUDIO SOBRE LOS LIBROS Y SU LECTURA A PARTIR DE ESTA FUENTE. ACTUALMENTE ESTOY EN UN PROCESO DE RECONSTRUIR ASPECTOS RELACIONADOS CON LÑA EDUCACIÓN, SUS ENSERES, LIBROS Y MAESTRO A PARTIR DE ESTA INFORMACIÓN. FELICIDADES DA GUSTO CONOCER ESTUDIOSOS DE LA HISTORIA QUE RECURREN A ESTAS FUENTES.

    Me gusta

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

Conectando a %s