Tres mujeres en la revolución sandinista, parte II

por Grecia Jurado Azuara

En 1979, a la par del triunfo sandinista, la fotógrafa nicaragüense Claudia Gordillo volvía a su país después de ocho años de estudios en el extranjero. Al estar relacionada con las corrientes estéticas más abstractas, se interesó por la fotografía de paisaje y las perspectivas intimistas. Vinculando su experiencia con la nostalgia por la Nicaragua antigua, su obra se consagró a la captura de escenas de la ciudad que parecían ignorar los eventos que sacudían al país en aquellos años.

Imagen 3. Claudia Gordillo. Centro histórico de Managua, 1980

Ésta fue exhibida en 1982 en la Casa de la Cultura “Fernando Gordillo”. Entre otras, Gordillo presentó 23 fotografías en blanco y negro que mostraban a la Antigua Catedral de Managua dañada y abandonada después del terremoto que destruyera la ciudad en 1972. Más allá de la calidad estética y expresiva de su obra, estas imágenes serían el origen de una intensa polémica en torno al papel del arte en los procesos sociales.

Imagen 4. Claudia Gordillo. Catedral de Managua, 1981

Pocos días después de su inauguración, algunos periodistas hicieron críticas ante lo que les parecía una obra deshumanizada (Imagen 3 y 4). Rudolf Wedel, en el artículo “¿Arte, para quién?”, publicado en la revista sandinista Barricada –y retomado por la autora Ileana Selejan—señaló: “La estética de Claudia es más un esteticismo […] un arte en donde predomina la forma y el contenido se diluye en cosa vaga y etérea. Un arte hecho para un público de iniciados en cosas de arte, pero no de la vida”. La fotógrafa expuso, ante las críticas, que su intención nunca había sido política, sino puramente formal. En su defensa, la escritora Gioconda Belli redactó una respuesta publicada también en Barricada:

“Hay quienes piensan que el arte para ser revolucionario debe ser explícito, explicativo. . . Apelar al simplismo para definir un arte popular, es caer en el populismo y en una sub-valorización implícita del pueblo. . .. En cuanto a la segunda afirmación de que no plasma nada, excepto el mundo interior del artista ‘que sólo a él compete’, nos parece una afirmación sumamente peligrosa y que puede prestarse a confusiones. La Revolución no niega, en absoluto, el mundo interior de la persona.”. La propuesta de Gordillo, junto con la complicidad femenina de Belli, sientan las bases de una transgresión histórica, aquella que cuestionó la eterna rivalidad entre la estética y la política, entre la forma y el contenido, en una síntesis que, además de vanguardista y desafiante, era femenina.

Imagen 5. Margaret Randall, Pinta en Nicaragua. www.margaretrandall.org   

Una fotógrafa más llegaría a Nicaragua en 1979 y permanecería allí hasta 1984. Margaret Randall, escritora estadounidense, se había asentado en México en 1960, dirigiendo la revista El corno emplumado. En 1968 migró a Cuba, donde trabajó como periodista y se inició en el mundo de la producción fotográfica. Una vez en Nicaragua se involucraría de lleno en el lenguaje de las imágenes, no como fotoperiodista, pero tampoco como artista. La perspectiva de Margaret Randall presentó una curiosa imbricación entre la mirada de una escritora y la de una mujer comprometida política y socialmente con el contexto que contemplaba. Sus imágenes circularon tanto en diarios nacionales, como internacionales; ilustraron libros y también formaron parte de exposiciones fotográficas en galerías estadounidenses.

Imagen 6. Margaret Randall, Young Sandinista Soldier. www.margaretrandall.org

Su obra (imágenes 5 y 6) está repleta de mujeres en todo tipo de contextos. Prominentes comandantes que desde una tribuna brindan discursos a la audiencia; jóvenes militares en prácticas de entrenamiento; o vendedoras en el mercado de Managua. Para sus retratos, Randall eligió planos medios, con ángulos frontales y a veces levemente contrapicados. Prefirió capturar a las mujeres en pleno gesto, en movimiento, o hablando. Estas fotografías se entremezclan con planos más abiertos, donde las mujeres conviven con su entorno revolucionario. A decir de sí misma, presenta a sus fotografiadas como sujetos activos, devolviéndoles la condición histórica y política que se les ha arrebatado. Margaret Randall, más allá de sólo mostrar al mundo lo que presenciaba, buscó promover una causa política que consideraba justa y sobre todo contagiar al mundo del ánimo de solidaridad que a ella misma la arrastró hasta a aquel país.

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