De Braudel a la historia ambiental de la alimentación

por Enriqueta Quiroz

Al finalizar la segunda guerra mundial, Lucien Febvre se convirtió en el único editor de la revista Annales, la que había fundado junto a Marc Bloch en 1929. El propósito de ambos siempre fue incentivar la colaboración y confluencia entre disciplinas. En 1959, Febvre delegó la dirección de la revista a su discípulo Fernand Braudel, que a esas alturas, ya era muy conocido como autor de El Mediterráneo y el Mundo Mediterráneo en los tiempos de Felipe II. Braudel como heredero de la escuela historiográfica de Annales, había integrado en su obra historias que iban más allá de los personajes y de los tiempos humanos. El autor había rescatado el devenir de la sociedad mediterránea, dentro de un espacio geográfico que incluía el mar, el desierto del Sahara y las costas de oriente a occidente. Había emprendido un estudio social dentro de un espacio, que conectaba y a la vez distanciaba a su gente. Braudel había escrito una geohistoria, porque en su investigación confluían ambas disciplinas; sin caer en un determinismo, reconoció la importancia de analizar la geografía para lograr una mayor comprensión de la sociedad que estudiaba.

Esta confluencia analítica, derivó en el concepto de paisaje cultural, entendido como: el medio que revela una serie de relaciones históricamente construidas entre la sociedad que lo habita y el entorno. A partir de Braudel, la geografía también fue reflejo de la cultura, asi surgió la geografía cultural, donde el paisaje conformaba un todo orgánico con la vida humana.  

Con el paso de los años, Fernand Braudel continuó promoviendo el intercambio entre disciplinas, tal como había sido el interés inicial de los fundadores de Annales. En las décadas de 1960 y 1970, hubo varias convocatorias dentro de la revista con una orientación interdisciplinaria, especialmente porque Braudel estaba muy interesado en “el estudio de la vida material y de los comportamientos biológicos de los hombres en el pasado”. Se podría pensar que ese fue el primer acercamiento de Braudel a la historia de la alimentación, la que entendía como uno de los componentes de la “cultura material”.

Años después, Braudel nos entregó una nueva obra, Civilización material, economía y capitalismo. Siglos XV al XVIII.    De manera particular, en el primer volumen dedicado a Las Estructuras de lo cotidiano, desarrolló un acercamiento sustantivo al tema de la alimentación. Tal como lo había planteado, fue la interdisciplina la clave para desarrollar este estudio. Retomó la geografía, identificando zonas productivas a nivel mundial. No me parece casual que identificara culturalmente a México con el maíz, a China con el arroz, a Europa con el trigo y a Perú con la papa, tal como lo hiciera el botánico Nicolás Vavilov que justo había determinado a esas zonas como centros de origen de dichas especies. Con esto quiero decir, que Braudel se documentaba de manera diversa y no solo leyó documentos históricos para construir una historia de la alimentación.  Por ejemplo, también conoció los estudios económicos de la producción agro-ganadera en Europa de Slicher Van Bath y Wilhelm Abel. Como gran divulgador, logró adaptar y traducir a un lenguaje amable y atractivo, los complejos cálculos de los mencionados economistas alemanes. Siendo su mayor propósito explicar el surgimiento del capitalismo y de qué manera había impactado en la alimentación y en las condiciones de vida de las personas.

Sabemos que la Civilización material de Fernand Braudel, fue ambiciosa, pero a la vez provocadora, también muy general porque no profundizó en todos los espacios que abordó, por ejemplo, “México”. Observó a la alimentación novohispana bajo la óptica del alimento base que a su juicio era el maíz, con lo cual, miró con desdén los hábitos alimentarios ancestrales mexicanos. El viejo Braudel no pudo despegarse de su mirada eurocéntrica, para analizar nuestra alimentación. Sin embargo, fue pionero al abordar estos temas.  Sus estudios siguen marcando pautas para realizar este tipo de historia vinculada con el medio ambiente. Gracias a sus investigaciones, hoy podemos reconocer el impacto que los humanos provocamos en el paisaje, así como plantearnos que, a través de una historia ambiental de la alimentación, podemos determinar el daño causado en los suelos y cultivos por ciertas prácticas de la agroindustria moderna.  

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