
Damián Ortega, DR ©
Sacos de plástico biodegradables, metal y sal
México, 2012
«Esta obra establece una relación de una serie de ideas e imágenes que están vinculadas por asociación libre en el imaginario de Damián Ortega. Hace algunos años apareció en los periódicos y revistas la imagen de un submarino construido con materiales de uso común. Los distribuidores de cocaína utilizaban el submarino para traficar con él con la cocaína de un puerto a otro viajando debajo del agua hasta que fueron descubiertos por el ejército. Ortega encuentra una relación interesante entre la idea de un submarino que cruza la frontera para traficar droga y la célebre novela de Joseph Conrad titulada El corazón de las tinieblas, dondese relatan los abusos y saqueos criminales de la Bélgica colonialista en África a medida que se narra el trayecto de un barco que cruza el río Congo, en el que viaja un traficante de marfil, una actividad comercial que causó el asesinato de miles de elefantes cuyos colmillos fueron utilizados para las artes decorativas de Europa y China.
La pieza de Ortega consiste de un submarino de nueve metros de largo construido con costales de sal y azúcar que cuelga dramáticamente del techo. Está relleno de toneladas de sal y al frente tiene un agujero, como una herida, por el que se derrama la sal poco a poco. La pieza se va vaciando durante el tiempo de exposición y se va formando una montaña de sal en el piso que exhibe patrones que son interesantes en sí mismos. Esta montaña de sal hace alusión a la cocaína, al polvo de marfil de los colmillos al ser tallados y a la sal en sí misma, que es una materia que tuvo un papel muy interesante en la historia de las dinámicas de intercambio, comercialización y asignación de valor (de hecho al parecer la palabra salario viene de sal). La obra dirige la mirada sobre las dinámicas de intercambio, comercio y explotación que se desenvuelven a través de artefactos de desplazamiento marítimo y establece una relación tanto conceptual como formal que es a la vez divertida, poética y crítica entre tres materiales que tienen una apariencia y consistencia similar.
El título de la obra además hace referencia a un poema de T.S. Eliot Los hombres huecos, en el que se describe a hombres que están vacíos, pero a la vez llenos, como espantapájaros. El submarino retacado de sal vaciándose ofrece una interpretación o representación alternativa de ese juego entre lo lleno y lo vacío y hace eco de las dinámicas de explotación y saqueo.»
Marén García (DO Studio)
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