La música y la gráfica en la Revista Musical Mexicana

como multidisciplina artística

por Lorena Guadalupe Mac-Gregor Osorno

En la primera plana de todos los números de la revista se imprime una “madera” como se le nombró en aquel entonces, con una imagen que se “fija” en cada edición. Es un recuadro dividido en dos zonas; en la primera ubicada arriba a la izquierda, un hombre joven con rasgos indígenas toca la flauta, en la parte media se observa un libro de solfeo y un hombre de espaldas al espectador, de quien solo se puede apreciar la parte posterior de la cabeza mientras lee dicho pentagrama. Del lado derecho, un campesino ataviado con su tradicional sombrero toca el arpa y en la parte de abajo, formando un semicírculo irregular se observa el título Revista Musical Mexicana, editada por el musicólogo campechano Gerónimo Baqueiro Fóster. Los colores utilizados son blanco y negro.

Este canon compositivo/iconográfico se imprime en la primera página para ilustrar textos de diversa índole. De este modo, se publicaron artículos como “El canto de la Maya en Pujayo de Iguña” que habla del folclore español y su significación religiosa-pagana en la cultura o un texto de carácter distinto como “Jazz, Swing y Boogie Woogie” que describe las corrientes musicales norteamericanas y sus influencias.

     En cuanto a la “imagen ancla” si consideramos el contexto histórico de la época y la intención de la revista de ser un órgano de difusión musical y cultural desde la perspectiva nacionalista, esta gráfica puede interpretarse como la representación del indígena, el mestizo y el campesino como clase social y no como categoría racial. En la década de los años 30´s la pintura mural creó “tipos” representados como indígenas, campesinos y obreros, donde la forma de vestir permitió distinguir desde lo visual a unos de otros aludiendo al oficio u profesión dentro de la sociedad. De acuerdo con el ensayo de Maurice Godolier Lo ideal y lo material, las clases sociales son grupos jurídicamente iguales, pero percibidos en forma diferente por la ubicación que se les asigna en las formas de producción.

     Con respecto a estos “personajes pictóricos” creados por los muralistas, cabe mencionar, que en la Constitución de 1917 no se utiliza la palabra “indígena” “indio” o “campesino” pero se clasifica a “los jornaleros” como aquellos sujetos resultado de la revolución de 1910 que trabajan la tierra. Asimismo, los reformadores establecieron el concepto y la diferencia entre “peón o jornalero” y cuando se refirieron al “indio” lo hicieron como una categoría histórica para explicar el despojo de sus tierras. En el plan de Ayala de Emiliano Zapata tampoco aparece la definición de “indio” o “campesino” sino la forma de restitución a “los pueblos y ciudadanos mexicanos.” Tiempo después el Partido Nacional Agrarista construyó una narrativa alrededor del “campesino” como sujeto activo que a partir de los años 20´s entra como categoría social y alegoría plástica en los murales, así como en la producción gráfica hasta entrados los años cincuenta del siglo XX.

      En síntesis, la gráfica dentro de la Revista Musical Mexicana no tuvo la función de ilustrar el texto de acuerdo con el tema descrito en el artículo, al contrario, las imágenes del artista Abelardo Ávila conformaron un catálogo de iconografía nacionalista que se difundió a través de la revista, con indígenas tocando el caracol o la flauta, campesinos cargando un trombón o tocando la guitarra, además de pentagramas acompañados de flautas y máscaras teatrales que fueron impresos junto a las letras capitulares, con una inspiración de estética medieval y con un fondo de paisajismo mexicano. Estos grabados junto a las editoriales escritas por Baqueiro Foster, unificaron en la revista el arte musical y el arte de la gráfica, en una publicación de gran importancia histórica para la educación artística en México.

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