Prácticas de exclusión durante la revolución rioplatense (1810-1820)
por Marcela Viviana Tejerina
La filósofa Chantal Mouffe entiende que, dentro de un campo de identificaciones colectivas, siempre ocurren actos de poder que dan lugar a un nosotros, delimitando un ellos que, de ser considerados diferentes, pueden aparecer negando nuestra identidad o cuestionando nuestra existencia y, de este modo, pasar a ser percibidos como enemigos. A partir de allí, cualquier forma de relación entre nosotros y ellos, sea económica, religiosa u otra, puede devenir en un espacio de antagonismo y volverse política.
En tanto lo político designa la dimensión de hostilidad y de antagonismo entre los humanos, afirma Mouffe, la política está destinada a atenuarla y/ o neutralizarla. La política tiene que ver con la acción pública y la formación de identidades colectivas; su objetivo es la creación de un nosotros en un contexto de diversidad y conflicto, distinguiéndolo de un ellos. Se debe reconocer que todo proceso identitario está construido como diferencia y que toda objetividad social está constituida por actos de poder. La pregunta radica en el tipo de relación que se puede establecer entre identidad y alteridad, para desactivar el peligro de exclusión, invariablemente presente, que implica esta relación entre identidad y diferencia. Y, en respuesta, creemos que la Historia tiene mucho por decir.
En este sentido, y tal como ha ocurrido con el estudio del proceso de extranjerización de los españoles europeos a principios del proceso revolucionario rioplatense, la noción de alteridad también ha guiado el abordaje de las particulares formas de entender y resolver las relaciones antagónicas con los otros del poder en los inicios de la política moderna en el Río de la Plata.
En principio, los historiadores han verificado la (in)capacidad de los revolucionarios para resolver la conflictividad propia de los tiempos de cambios, a no ser, a través del ataque a ese otro, aquel que pensaba diferente o competía por ocupar los mismos espacios de poder.
En este caso, la exclusión del otro atrajo la atención de los investigadores sobre múltiples actores políticos que, provenientes de diversos ámbitos socioculturales, participaron en diferentes escenarios de combate con un otro: la guerra en sí misma, los espacios de sociabilidad, la prensa, los lugares de destierro, las instituciones políticas.
Fundamentalmente, se ha avanzado en el análisis de la relación amigo – enemigo, la cual no sólo involucró a los revolucionarios respecto de los peninsulares, sino también, otras exclusiones políticas que se dieron como consecuencias del creciente enfrentamiento al interior de la elite revolucionaria, a lo largo de la primera década del XIX. Entre ellas, la represión y el castigo de la disidencia y el destierro, el confinamiento o la expatriación del adversario.
En el marco de este análisis, hemos llegado a verificar la conformación de verdaderos espacios de exclusión al interior del territorio; sean estos, pueblos de frontera, ciudades o villas, receptores de confinados por razones políticas y de prisioneros realistas de las guerras de independencia, cuyas actividades y repercusiones políticas aún resta profundizar.
Consideramos que, aun cuando los esfuerzos mencionados resultan todavía -y ciertamente- aislados, han abierto el camino a un abanico de alternativas temáticas a través de las cuales estudiar las prácticas y los discursos construidos en torno de los otros del poder, en relación a posiciones hegemónicas, y a partir de variables políticas, culturales, económicas o sociales focalizadas en los discursos, las representaciones y las prácticas del poder construidas en el espacio público y privado.
