Preguntas al caso de la “campaña antichina” en México

por Juan Carlos Serrano García

En los últimos años, los estudios sobre las derechas en México han cobrado especial relevancia. Sobresalen los trabajos de historiadores como Franco Savarino y Mario Virgilio Santiago, quienes han aportado significativamente al entendimiento de las organizaciones fascistas en el México posrevolucionario, así como del anticomunismo y las representaciones de las derechas en el imaginario político mexicano. Estos estudios han contribuido a complejizar la comprensión de los procesos de disputa por el poder en México, lo que ha llevado a la historiografía a explorar caminos particularmente ricos y propositivos. A esto, hay que agregar que el interés por ahondar en las derechas políticas ha vinculado a investigadores de latitudes muy diversas, situación que ha dado lugar a un intercambio de ideas e interpretaciones interconectadas que no hace sino enriquecer aún más esta fértil veta historiográfica.

Con base en ello, considero esencial seguir explorando las derechas mexicanas, frecuentemente reducidas en el relato tradicional a meros errores o disparates políticos, lo cual impide comprender sus estructuras, ideas, mecanismos e interrelaciones de poder de manera óptima. En este marco, propongo profundizar en la llamada “campaña antichina” como vía para ampliar el panorama historiográfico. Según la sinóloga Flora Botton, este movimiento comenzó en 1911, cuando las fuerzas revolucionarias al mando de general Benjamín Argumedo asesinaron a 303 ciudadanos chinos y saquearon sus comercios en Torreón, Coahuila. Aunque el gobierno federal intentó reparar los daños y responder a las demandas del gobierno chino, autoridades estatales y locales continuaron promoviendo el odio hacia estos individuos. Así, entre la década de 1920 y principios de la siguiente, surgieron comités antichinos en Coahuila y otros estados del norte, que impulsaron robos, asesinatos y prensa hostil. Quizá, en un intento de apaciguar estas agrupaciones supremacistas (es decir, colectivos que promueven la superioridad de una raza o cultura sobre otras), el gobierno del presidente Álvaro Obregón impuso restricciones al comercio chino y medidas contra el mestizaje. No obstante, el resultado fue contraproducente, es decir, dichas disposiciones, en lugar de frenar la violencia, ofrecieron nuevos argumentos a los comités antichinos, que continuaron perpetrando numerosos ataques. Fue hasta el gobierno de Lázaro Cárdenas (1934) que se intentó frenar definitivamente estas acciones de violencia racista. Sin embargo, la campaña de odio persistió hasta mediados del siglo XX, en parte porque muchas acciones locales escapaban al control del gobierno federal.

En este sentido, considero fundamental seguir profundizando en las claves de este proceso. ¿Por qué se gestó en México una campaña de tal naturaleza? Las razones parecen ser, en gran medida, de índole económica, ya que el creciente flujo migratorio chino tendía a desplazar a sectores de la población nacional en ciertas actividades productivas. Sin embargo, como señala Flora Botton, otros grupos migrantes que también representaban una competencia económica no fueron objeto de tal persecución. Esto sugiere que el racismo fue un factor determinante, particularmente a través de las ideas higienistas que promovían la supremacía de ciertas razas consideradas moral y físicamente superiores sobre otras vistas como inferiores. No obstante, aún es necesario reforzar las explicaciones en el plano político. Para ello, sugiero adoptar una mirada global del proceso: ¿cómo se interconectó esta campaña con dinámicas similares en otras latitudes? ¿De qué manera las fuerzas locales y estatales lograron sostener las políticas racistas, a pesar de las restricciones impuestas por el gobierno federal? Abordar estos cuestionamientos no sólo puede fortalecer nuestra historiografía sobre los grupos supremacistas en México, sino también contribuir a una mayor sensibilización frente a la xenofobia y el racismo, problemas que, sin duda, siguen siendo de gran relevancia en nuestro presente.

Biblioteca DeGolyer. (ca. 1911). Chinos propietarios de lavandería, [Fotografía]. Universidad Metodista del Sur.

Deja un comentario